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EL PERRO Y NUESTRO NUEVO BEBÉ.

Todo cambió siempre afecta a nuestra familia, recordando siempre que nuestras mascotas son parte de ella.

Cuando llega un bebé, es un motivo de suma alegría, nuestro instinto paternal (o maternal) nos insta a quererles dar lo mejor, a que no les ocurrá nada a evitar cualquier situación que pudiera significar un peligro.

En este orden de ideas, llegamos a tener la falsa creencia de que nuestro antigüo mejor amigo, nuestro perro, puede reaccionar de una manera agresiva y atacar brutalmente a nuestro bebé, lo cual te aseguró no sucederá, lo que sí puedes enseñarle en cambió, es a establecer una hermosa relación entre ambos que a de durar toda la vida.

“Antes de que el bebé llegue, acostumbre a su perro a un horario realista y que usted piense que puede mantener una vez esté el niño en casa. Comience a dar de comer y a dar los paseos a las horas que vaya a poder hacerlo cuando el bebé esté presente. Este horario será probablemente muy distinto al actual, y es mejor que el perro no sufra todos los cambios a la vez, coincidiendo con la llegada del niño.

También es el momento de pensar en cambiar el mecanismo que usa para sacar al perro, si usted lo pasea con un collar normal, arnés o collar de estrangulamiento, y su perro tira de la correa o no se porta adecuadamente, es el momento de cambiar a un “halti”. Este tipo de collar, parecido a una cabezada para caballos, es el mejor método para enseñar a su perro a comportarse durante el paseo, sin tener que hacer esfuerzos.

Incluya en este horario 5-10 minutos de atención sólo para el perro. Este periodo será un tiempo de calidad para el animal, una o dos veces al día. Aproveche para acariciarlo, cepillarlo, jugar con sus juguetes, etc. Mantenga siempre este ratito reservado para el, más o menos a la misma hora todos los días, y asegúrese de poder mantenerlo igual una vez llegue el niño. Aunque todos tendrán que acostumbrarse a los nuevos horarios, esta es una forma de transmitir al perro que todavía cuenta, y a que se sienta importante.

Antes de que el bebé llegue, deje a su perro entrar en su habitación y en la zona de cambiar pañales. No le deje fuera de las habitaciones del bebé todo el tiempo, los olores nuevos le atraerán y debe acostumbrarse a ellos lo más rápido posible. Compre las lociones, el talco, los pañales… y deje al perro olerlas, antes de traer el bebé a casa.

Si intenta coger algo del bebé, corríjale con un “NO” o “MAL” y haga que se lo traiga y se lo dé. Es el momento de enseñarle buenas maneras: sienta, quieto, tumba, coge y suelta, si no sabe responder a estas órdenes básicas, antes de que llegue el bebé, tendrá más problemas. Aproveche el tiempo que le quede antes de la llegada del niño, acuda a un grupo de trabajo o a un adiestrador si usted no tiene tiempo. Para cuando llegue el bebé, su perro debería responder a estas órdenes verbales con rapidez.

No deje a su perro subirse o tumbarse en ningún mueble del niño. Corríjale ahora que no está su bebé presente, y evitará problemas con el niño delante. Si su perro tiene juguetes de peluche o de goma, que sean parecidos a los de su bebé, piense que no va a saber distinguir entre los juguetes. Si los lava después de que los haya usado el perro, no plantearán problemas para la salud del niño, pero en cuanto el niño crezca un poco puede que comiencen a pelearse por los muñecos.

También puede suceder que su perro le robe los juguetes de la mano al niño, o que el niño intente sacarle el juguete de la boca al perro. En estos momentos es cuando se corre más riesgo de tener un accidente. Para evitarlo, acostúmbrele a nuevos juguetes, que no se parezcan en nada a los de su bebé, y enséñele a soltarlos a la orden.

Cuando nazca el niño, haga que su pareja o la persona que se quede cuidando al perro le lleve ropas del bebé, usadas. Esto enseñará a su perro los nuevos olores a los que se va a tener que acostumbrar. Deje al perro olerlas y espárzalas por la casa. No le deje cogerlas con la boca ni mordisquearlas.

Cuando su bebé llegue a casa, el perro querrá saludar a todo el mundo, especialmente a la madre que ha estado fuera de casa unos días. Intente que alguien se quede con el niño unos minutos, mientras la madre atiende al perro, y hasta que éste se tranquilice. Si salta o es muy nervioso, póngale la correa para saludar, o salúdele en una habitación distinta. Una vez esté calmado, y todo ha vuelto a la normalidad, puede presentar el bebé al perro.

Una vez que su perro haya saludado a todos los adultos que han vuelto a casa desde el hospital, y esté tranquilo, podemos comenzar con las presentaciones. Haga que un miembro de la familia se siente en el sofá con el bebé sobre las rodillas. Entonces usted puede estar libre para controlar al perro. Déjele olisquear al bebé, acercarse e investigar. Póngale la correa si no está seguro de cómo va a reaccionar, o si es inquieto o algo brusco, si muestra tímido o reacciona con miedo ante el bebé, acarícielo y háblele suavemente, aliéntele para acercarse. No le obligue, ni le acerque el bebé.

Si su perro gruñe al niño, ríñale y llévelo a otra habitación. Pruebe otra vez cuando se haya calmado. Nunca le diga al perro “está bien, calma” o cualquier palabra de aliento mientras se está mostrando agresivo. El perro lo que entiende es que le premiamos por ese comportamiento, que es lo contrario que queremos.

Si no se puede parar el comportamiento agresivo con una voz, puede utilizar un chorro de agua de un pulverizador de las plantas o una pistola de agua de juguete. Lo que importa es que su mascota se sorprenda, no que se asuste más. Una vez interrumpido el gruñido, aléjese y ponga al perro en otra habitación hasta que se calme. Sobre todo si su perro siente miedo del niño, deberá tener mucho cuidado los primeros días.

Si pasadas 3 semanas el perro acepta al niño sin miedo ni agresividad, se le puede soltar de la correa. Si no, deberá permanecer más tiempo con ella puesta. Intente que un miembro de la pareja atienda al bebé, mientras que el otro atiende al perro, y túrnense. Nunca deje al perro solo con el niño hasta que éste tenga edad suficiente como para reaccionar bien delante del perro. Si su perro sigue mostrando miedo, o agresividad, debe exponerlo al bebé muy poco a poco, premiando cada momento tranquilo y alegre del perro, regañando verbalmente y separando al niño del perro en cuanto éste muestre la mínima señal de miedo o de agresión. Tenga mucha paciencia. Ante cualquier duda, ponga el bozal a su perro, pero no se confíe sólo con un empujón por descuido puede hacer daño al niño en un momento dado.

Cuando sólo está una persona en casa con el bebé, no deje a su perro libre en presencia de éste. Llévelo atado o déjelo en otra habitación mientras atiende al niño. No se puede tener a un bebé en brazos y a la vez corregir a un perro que se abalanza a saludar, o se cruza en nuestro camino para perseguir una pelota. Lo mejor es tenerlo atado con una correa larga, para que pueda moverse por la habitación mientras nos mira, pero que no alcance al bebé si de repente le entran ganas de investigarlo más de cerca o jugar con él.

Nunca deje a solas al animal con el niño por ninguna razón. Tenga en cuenta que su perro aprovechará cualquier descuido para acercarse a investigar sin su supervisión, y cuando se tiene un niño esto ocurre varias veces al día sin nosotros darnos cuenta: suena el teléfono, llaman a la puerta, estamos preparando un biberón por la noche… estos periodos cortos de tiempo libre son los que puede aprovechar su perro para hacer una trastada, no solo hay problemas de agresividad, el animal puede por curiosidad volcar la cuna del bebe o subirse a ella y hacerle daño con las patas, y esto es lo que hay que evitar lo máximo posible, bien dejando al niño detrás de una puerta de bebés o atando al perro.

Una vez su perro se ha acostumbrado al bebé, y se muestra cariñoso y sociable con él, no hay ningún problema en que le siga a usted por casa mientras atiende al niño. Insista en que obedezca a las órdenes verbales, o en un momento de mucho ajetreo, con el niño, el teléfono y el pañal no podrá controlar al perro, y pueden crearse situaciones complicadas.

Bajo ningún concepto se dejará al perro dormir en la misma habitación que el bebé. Use un monitor, una radio, o una puerta de bebés, para poder dejar al niño sólo en su habitación.

Para el resto de la relación con el niño en el futuro, es importante seguir estas instrucciones:

nunca deje al bebé/niño jugar o interactuar con el perro sin supervisión, hasta que el niño no sea lo suficientemente mayor para comportarse adecuadamente con el perro ( y esto puede ser hasta que tenga unos diez años).
eduque a su hijo a tratar al perro: enséñele a respetar la comida y los momentos de descanso del animal , a mostrarse cariñoso y acariciarlo .
Tenga cuidado con perros viejos, con artrosis, otitis u otros dolores crónicos que pueden reaccionar con miedo o dolor al contacto.
Tenga mucho cuidado también si su hijo es muy activo o brusco.
La segunda causa más frecuente de problemas entre niños y perro es desde que el niño comienza a andar hasta que tiene unos cuatro o cinco años. En este periodo los niños andan con poca coordinación, se caen, se agarran a lo primero que pillan para no caerse… si esto es su perro, puede que éste no lo aguante o que se asuste. Vigile cualquier juego entre ellos, y regañe al que juego brusco, evite especialmente aquel en que el perro tira de un objeto con los dientes intentando arrancarlo de las manos de una persona.

Piense que un adulto es capaz de interpretar el lenguaje básico del perro, un ejemplo, si el perro nos gruñe al quitarle la comida o tirarle de la oreja dejamos de hacerlo, el animal nos avisa antes de morder, pero un niño pequeño no entiende el significado del gruñido y continuará hasta llevarse el mordisco.

Es igual de importante enseñar al perro a tratar al niño que enseñar al niño a tratar al perro. Así evitaremos situaciones peligrosas para los dos.”

Esperando estas recomendaciones te sirvan, en Rescate Animal estamos para ayudarte.

Fuente: Madridsalud.

Categorías:Uncategorized
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